La amabilidad de la meditación

La vida va cada vez más deprisa y las personas tendemos a vivir en piloto automático. Hacemos las mismas cosas día tras día y vamos pensando únicamente en las tareas y obligaciones que tenemos hasta tal punto que se nos olvida que estamos en constante contacto con personas. 

Obviamos el contacto humano, no tenemos tiempo para esas cosas, lo que nos lleva a encerrarnos en nuestro propio mundo y no prestar atención a nuestros compañeros en el trabajo o a nuestra familia en casa. Esta falta de atención lleva a la descordinación, a comunicación insuficiente o deficiente y a un escaso compañerismo (entendiendo compañerismo como la colaboración entre dos o más personas que pertenecen a un mismo núcleo).

Cuando la comunicación escasea caemos en el juicio: estamos tan metidos en nuestro discurso mental diario que la empatía es lo último que se nos viene a la cabeza. Comenzamos a no actuar desde el amor y esto crea tensiones que no nos benefician en absoluto. En una de las escuelas en la que estuve viví esa ausencia de comunicación hasta que decidí ser yo misma, empatizar y crecer como persona, y aunque no fue fácil conseguí que la relación con mi compañera mejorase notablemente. En ese momento lo hice con las herramientas que tenía, pues todavía no conocía la meditación. Qué bien me habría venido entonces… Ahora, conociendo todos los beneficios de esta maravillosa práctica, sé que habría gestionado las cosas de otra manera y habría sufrido menos. 

Cuando aprendes a meditar lo primero que aprendes es a no engancharte en los pensamientos que acuden a tu cabeza, a no juzgar su intensidad o persistencia, simplemente dejarlos ir. Con la práctica aprendes a llevar este no-juicio a tu día a día, a las cosas cotidianas, y eso marca la diferencia en la forma en que ves la vida, eres más capaz de empatizar con las personas que tienes delante y no juzgarlas por sus actos o decisiones. Si algo me ha enseñado la meditación es a ser más amable conmigo misma y con los demás porque cuando medito hago un acto de amor hacia mí y consecuentemente hacia el resto de personas. A mí me gusta interpretar la amabilidad como la habilidad para amar, en este sentido la mejor forma de entrenar esta habilidad es meditando.

Al principio de la cuarentena subí meditaciones para niños a la web, ahora las he mejorado y las he subido a YouTube para que estén al alcance de más personas y todos podamos beneficiarnos de la amabilidad de la meditación. Os dejo por aquí el enlace a todos los vídeos, espero de corazón que sigáis disfrutando de esta práctica solos y con vuestros niños y niñas.

https://www.youtube.com/channel/UC-DlBg5OvovVswO1LcyAqxQ/videos?view_as=subscriber 

Namaste.

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