No más rabietas

En este post no vas a encontrar una fórmula mágica para que tus hijos o alumnos no tengan rabietas. «No más rabietas» hace referencia a la forma en que tenemos los adultos de enfocar estos comportamientos de la infancia.

No más palabras como rabietas, pataletas o berrinches. Estos enfados espontáneos que viven los niños y niñas a partir de los dos años de edad no son más que una expresión de que han entrado en conflicto con una situación o con una persona. Lo más común es que el conflicto sea entre el deseo de autonomía del niño/a y las limitaciones que pone el adulto.  Un ejemplo:

Estás en la cola del supermercado y tu hija ve una caja llena de piruletas y te pide una. Tú, que no quieres que coma azúcar, le dices que no le vas a comprar la piruleta.

Resultado:

Ante esta reacción lo más común es que empieces a incomodarte y estresarte, la verdad es que te viene fatal que se ponga a llorar y gritar delante de tanta gente con la prisa que tú tienes. Y a eso súmale las miradas de la gente juzgando, los comentarios de «pobrecita, cómprasela» o de «antes los niños hacían más caso». La solución más rápida es reñirle para que acabe tu padecimiento (cosa que probablemente no ocurra) o ignorar el comportamiento hasta que se le pase, pero éstas no son opciones respetuosas. Entonces, ¿qué puedes hacer tu? Cambiar la forma de enfocar la situación.

Si cambias la perspectiva, cambia la realidad, por tanto si miras ese conflicto como una emoción que te está expresando esa niña podrás cambiar la forma de afrontar la situación, es decir, podrás acompañar la emoción de tu hija desde el amor y el respeto.

Para acompañar una emoción:

En primer lugar, para acompañar una emoción que está causando conflicto, debes ponerte a la altura del niño/a y establecer contacto visual para una mejor comunicación. Explícale qué es lo que está sucediendo: no solo que no le vas a comprar la piruleta y que tu decisión es firme (así debe ser), sino también explícale cómo se está sintiendo él o ella validando esa emoción, de esta manera estarás demostrando empatía y comprensión. Añade a la conversación tus emociones también, son tan válidas como las de los niños y niñas, e intenta mantener un tono de calma . Transmítele la razón por la que le pones ese límite (entre otras razones es porque le quieres y te preocupas por su bienestar) y propón alguna alternativa para solucionar ese conflicto de forma amorosa.

Siguiendo con el ejemplo anterior, podrías actuar de la siguiente manera: «Hija, sé que quieres una piruleta, entiendo que es de tu color favorito y que te apetezca mucho probarla, sin embargo esas piruletas llevan azúcar, el azúcar no es bueno para nuestro estómago y a mí me preocupa que te pongas mala del estómago si te la comes. Si lo que te apetece es comer algo ahora, podemos comprar una manzana que sea también de tu color favorito.»

Sé que parece un reto enorme porque estamos acostumbrados a soluciones más rápidas, tanto en situaciones familiares como escolares, pero ten siempre en cuenta que eres su ejemplo de conducta, de la manera en que tú reacciones ante un conflicto será la manera en que ese niño o esa niña aprenderá a lidiar con los conflictos que se le presenten en la vida. 

Para todas aquellas mamás que queréis llevar a cabo este tipo de educación consciente he abierto un nuevo espacio en la web para ayudaros en este proceso de crianza respetuosa. Explóralo aquí. Y por supuesto no me olvido de mis queridas educadoras, vosotras también tenéis un huequito, una comunidad muy especial para sentirte apoyada y para poder desarrollarte mejor profesionalmente. Explora la comunidad de educadoras infantiles.

¡Besos a todas!

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